isra cubillo
 Recuerdo que eran las ocho menos cuarto de la tarde de un jueves siete de junio. Mi última noche de trabajo antes de tomarme unos días para viajar a Madrid, cuando más me gusta esa ciudad. El móvil sonó en el momento en que me disponía a salir de casa. Era Silvia desde su librería, acababa de llegar la guía de Photoespaña. Llevaba días esperándola y pensé que en la nueva bicicleta de Esther podría ir a comprarla y llegar sólo cinco minutos tarde. Si encontraba tiempo podría repasarla y organizar un poco la excursión. No sabía que no iba a poder hacer ese viaje en coche que tanto me gusta, que ese verano no empezaría con el ritual de recorrer la ciudad buscando carteles amarillos. No sabía que el manillar de la bicicleta se iba a plegar aplastándome el peroné al lado de un monumento a John Lennon, que nunca entendí qué hace ahí. No sabía que durante seis meses iba a hacer una vida muy distinta, que ese verano iba a estar algo menos bronceado, que mis pocos ahorros se iban a evaporar más rapido de lo previsto.
 Una de las cosas que sí sabía es que vivo en un cuarto piso sin ascensor.
 I remember that it was 7:45 p.m. Thursday, June 7. My last night of work before going off to Madrid for a few days, my favourite time of year to be there. My cell phone rang just as I was about to leave the house. It was Silvia from the bookstore telling me that the Photoespaña guide had just arrived. I had been waiting days for it and thought that if I took Esther's new bicycle, I could go and buy it and only be five minutes late for work. If I found some time, I could look though it and organize my trip a bit. At that moment I didn't know that I wouldn't be able to take this trip that I love so much, that this summer wouldn't start with the ritual of running all over the city looking for yellow signs. I didn't know that the handlebars of the bicycle were going to fold up suddenly, breaking my leg in the process, right beside a monument of John Lennon, that I've never understood why it's even there. I didn't know that during six months I would have a very different life, that this summer I would be much less tanned, and that what little savings I had would evaporate much sooner than expected.
 One of the things that I did know however, is that I live in a fourth floor walk-up.
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